Reflexiones

¿A dónde vas tan apurado?

 

Antes de ser madre podía organizarme mucho mejor.  Mi vida parecía más ordenada. Con el nacimiento de mi hija, las cosas cambiaron drásticamente , es sabido que los hijos demandan mucho de nuestro tiempo y atención. Por supuesto doy gracias a Dios por tenerla a mi lado ya que ella es la luz de mis ojos, pero sin lugar a duda su venida , significó replantearnos nuestras prioridades en la distribución de nuestro tiempo de familia

Una mañana mi esposo y yo nos encontrábamos muy atareados antes de salir a trabajar.  Debíamos cambiar a nuestra hija y ella andaba correteando por todo el dormitorio.  Ya cuando estábamos a punto de salir, casi corriendo pues ya se nos había hecho tarde, quedé sorprendida al ver a mi hija de tan solo dos años dándonos una lección. Ella se había parado en la puerta con sus manitos levantadas al cielo en señal de agradecimiento por un nuevo  día.  Le hemos enseñado,  que cada mañana antes de salir,  debíamos orar dándole gracias a Dios por un nuevo día y encomendarnos a Él, para que nos guarde de los peligros de este mundo. Al ver ese gesto por parte de ella, mi esposo y yo quedamos avergonzados, porque por nuestro afán, ni siquiera habíamos tenido en mente parar un minuto para agradecer a Dios por la bendición de un nuevo día.

Mucha veces nos pasa que olvidamos conversar con Dios antes de salir de casa, cuando en realidad es lo primero que debiéramos hacer.  Estamos tan afanados en nuestras cosas que muchas veces salimos hacia nuestras ocupaciones,  sin al menos tomar un minuto para darle gracias a Dios por un nuevo día.

La Biblia nos relata una historia que ilustra esta situación.  Marta se preocupaba por sus quehaceres domésticos,  mientras que María prefería pasar tiempo con Jesús. Cuando Marta hizo su reclamo, Jesús le dijo: Marta, Marta, ¿por qué te preocupas por tantas cosas? Hay algo más importante. María lo ha elegido, y nadie se lo va a quitar. Lc 10:38-42 (TLA)

Al igual que Marta, a veces creemos que nuestras cosas son más importantes que hablar con nuestro Dios pues lo dejamos en segundo plano. Estamos demasiado ocupados para dedicar tiempo a conversar con El cada mañana, entonces lo dejamos esperando.

Debemos preguntarnos ¿Por qué nos preocupamos por tantas cosas, acaso hay algo más importante que conversar con Dios?

Si un niño de dos años recuerda darle gracias a Dios por el nuevo día, ¿por qué nosotros como adultos olvidamos tan fácilmente que tenemos conciencia no lo hacemos?

María escogió lo mejor, conversar con Jesús,  pasar tiempo con Él y escucharlo. Es tu decisión escoger ser como Marta o como María.

“Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.  Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida,  y le mostraré mi salvación”. Salmos 91: 14-16 (RV 1960)

¿A dónde vas tan apurado? Detente, es tiempo de hablar con Dios, no lo dejes esperando.

 

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